Art Strikes Back!

Rita Ackermann, Louise Bourgeois, Martin Creed, Subodh Gupta, Thomas Houseago, Paul McCarthy, Dieter Roth, Mira Schendel, Christoph Schlingensief, Roman Signer, Diana Thater y Mark Wallinger

20/11/2016 – 28/03/2016

La primera exposición de la Fundació Gaspar, Art Strikes Back! propone un recorrido a partir de las aproximaciones creativas de artistas de diversas generaciones. Estos artistas dan a las cosas significados diversos intentando recrear el mundo que nos rodea, introduciendo pequeñas modificaciones y elementos de reflexión que nos hacen conscientes de nuestra contemporaneidad. La selección de autores y obras ha sido realizada por el equipo de la Fundació que, en esta primera exposición, ha querido aportar un enfoque personal actuando también como equipo comisarial. La muestra pretende crear una experiencia a través de la fina ironía, tanto en formas como en contenidos, calificada frecuentemente de política, aunque no siempre evidente y a través de una idea diversa de la narración, construyendo la ficción con la consciencia de hacerlo y no siendo absorbidos por la ilusión de la realidad.

Work nº 1173 (2011) de Martin Creed es una gran X emulsionada en la pared con la que el artista juega a romper con la línea divisoria entre lo significante y lo a-significante, remitiendo y desestabilizando la herencia del minimalismo sin dejar por ello de interpelar al cuerpo del espectador que queda ubicado en la imposibilidad de la comprensión: ¿Debemos leer algo en esa gran X roja o debemos verla sólo como una mera cosa, sin más?

Roman Signer recurre al juego y a la ironía para construir Objekt für Versuche (Objeto para investigación) de 2008. Al mismo tiempo que recupera el interés minimalista por el espacio y su transformación a través de objetos que lo modifica por completo, introduce elementos nuevos que lo complejizan y lo enriquecen: el aire, leve o intenso, que se genera en la sala, el movimiento del objeto en el espacio, la variación de su posición, el riesgo que atañe acercarse a él o la curiosidad que suscita su funcionamiento. Se entrevé un afán del artista por investigar las dimensiones plásticas, poéticas y sorprendentes de la tecnología básica, con una influencia indirecta de los objetos poéticos del surrealismo, de la actitud chistosa del dadaísmo o incluso del absurdo propio del clown.

Mark Wallinger también recupera, en Time And Relative Dimensions In Space, de 2001, cierto influjo del arte minimalista. Wallinger se preocupa por la frialdad de los materiales y busca una pureza reflectante en el pulido de su pieza, promoviendo una inestabilidad subjetiva dejando la posibilidad de la autocomprensión más en una duda permanente que en una certeza o en una seguridad. Al mismo tiempo entran en juego la ironía y la subjetividad colectiva propia de varias generaciones de televidentes. Esta estructura es una reproducción de la TARDIS (acrónimo de Time And Relative Dimensions In Space) de la famosa serie Doctor Who que la BBC ha producido desde 1963 hasta la actualidad.

La artista británica Diana Thater también retoma determinados presupuestos minimalistas a través de Dan Flavin, si bien su trabajo reflexiona sobre una dimensión corporal diferente, pues trabaja en torno al modo en que la mirada humana asume y se enfrenta a la condición del animal o de la planta. Estructurando los espacios en los que proyecta sus vídeos mediante modificaciones lumínicas, el espectador se siente desplazado, desubicado o descolocado. Thater revisa y revisita la luz para que los espacios no nos pertenezcan, o lo que es similar, para que no podamos apropiárnoslos y dominarlos, sino que tengamos que experimentarlos en una apertura profunda hacia la otredad (también propia).

También resultan relevantes en esta singular herencia del arte minimalista y la interpelación del cuerpo del espectador, los métodos por los que Rita Ackermann y Thomas Houseago remiten al desmembramiento, a la distorsión y a la disolución del cuerpo por medios artísticos tradicionales como la pintura, la escultura o el dibujo. En las propuestas de Thomas Houseago, de clara línea romántica, el cuerpo aparece fragmentado y descoyuntado en esculturas de grandes dimensiones. Hands y Walking Piece, dibujos sobre papel (2007) manifiestan la preocupación del artista por temas universales: nacemos, vivimos, morimos. El trazo tenso y tortuoso, heredero lejano de Rodin, quiere remitir al proceso de descoyuntamiento del cuerpo representado.

Por su parte, Rita Ackermann plantea el cuerpo violentado en imágenes de gran formato sobre lienzo. Las jóvenes que vemos en Wiped Out Heroines (2014) presentan una ambigüedad que alude a las odaliscas de Ingres o a las jóvenes tahitianas de Gauguin, condensando también una brutalidad contenida. Algo desapacible, desolador incluso impregna esta imagen con reminiscencias a una posible prostitución infantil. Estas jóvenes que beben en copas distorsionadas, parecen contener un dolor histórico, de raíz incluso colonial. El gesto del borrado de los cuerpos, formalmente sencillo, rememora la mano con la que los alumnos juegan a limpiar las pizarras en las aulas; pizarras negras, por cierto, utilizadas durante siglos en los sistemas educativos europeos y exportados a todo el mundo.

En un terreno intermedio entre la ironía, la cita meta-artística, la pintura, la impresión gráfica y la sedimentación material del cuerpo, se encuentra la serie de papeles que componen Master Bet (2009) de Subodh Gupta. Se trata de veintiocho impresiones de los testículos y el pene del artista sobre papel blanco hecho a mano. Gupta, que en sus trabajos más conocidos ha llevado los utensilios de cocina a una dimensión escultórica sin precedentes –en lo que podría ser definido como un monumentalismo pop/kitsch/crítico del entorno tópico femenino– plantea en Master Bet, con una técnica similar a la de Klein: pintura sobre el cuerpo y estampación sobre el papel, una crítica mordaz a la heteronormatividad y al falocentrismo: en último término, todos esos penes parecen encontrarse más en un proceso de desintegración o putrefacción incluso, que en un asentamiento firme y fuerte.

También se encuadran dentro de coordenadas “pictóricas” los dos tablones de gran formato y el pequeño objeto-maleta que Dieter Roth realizó en los años ochenta y noventa. Se trata de obras en las que la acumulación de material de todo tipo rememora procedimientos pictóricos de artistas norteamericanos como Cy Twombly o Robert Rauschemberg. En el caso de estas obras de Roth (en ocasiones en colaboración con otras personas como su hijo Björn), lo que encontramos son, prácticamente, lugares para el despojo, versiones reducidas (esto es, “pictóricas”) de sus grandes instalaciones de aquellos años en las que acumulaba todo tipo de materiales: mesas, lámparas, cables, botellas, pintura… en un caos sin forma ni concierto en el que el espectador se sentía completamente desorientado. Un espíritu dadaísta, pero también post-punk rodea estos trabajos, como si una pulsión vomitiva emergiese desde el centro mismo de la obra o toda su superficie.

Paul McCarthy propone en su performance Experimental Dancer (1975) una concepción del cuerpo en la que evidencia la ruptura con la lógica de la identidad (el rostro y su expresividad). En esta obra, la cuestión genital se convierte en neurálgica aunque parece latir una burla regresiva al complejo de castración teorizado por Freud y revisado por Lacan, radicalizado por la mueca, de risa o grito, que la máscara, de sexo indeterminado, presenta. McCarthy incorpora a las máscaras, elemento central de su trabajo a partir de los años setenta, figuras en las que lo grotesco se anuda con la cultura popular, la transgresión sexual y, ocasionalmente, con una cierta aproximación a lo abyecto –esa realidad que no es ni sujeto (persona) ni objeto (cosa) sino, en términos de Julia Kristeva– una sustancia psíquicamente cargada que ni está ni dentro ni fuera (del cuerpo) y por tanto rompe/desestabiliza cualquier lógica binaria que “asegure” nuestra posición en el mundo: de orden, control o dominio.

El polémico y controvertido artista Christoph Schlingensief rompe con cualquier aura o solemnidad del ritual cristiano a través de su obra La última cena (2007), en la que los doce apóstoles y Jesús se sitúan en torno a una televisión cuya imagen adquiere, por su propia naturaleza, todo el protagonismo. El tono irónico e irrespetuoso de la pieza no elimina su dimensión de verdad: la frase Este es mi cuerpo no debe afirmarse ya ante el pan y el vino (elementos cruciales de reunión durante siglos en las mesas del mundo cristiano), sino ante la televisión. Así pues, la pieza de Schlingensief facilita una lectura ambigua: o Jesús, con su dimensión de entrega, sacrificio y resistencia, ha sido desplazado de la centralidad de la escena para ocupar un segundo plano (él también se somete a la espectralidad de la pantalla), o Jesús “consagra” la televisión como elemento que reúne a los hombres como una des/com-unidad futura.

A lo largo de toda su trayectoria, el cuerpo fragmentado, desmembrado, diseccionado o mutado ha ocupado un papel prioritario en la obra de Louise Bourgeois; un cuerpo híbrido que disloca lo puramente humano y se funde con lo animal, con lo vegetal o con lo objetual, rompiendo lindes y categorías para dar entrada a lo siniestro. Ese territorio, mirado desde el lugar del horror (o del asco, incluso) reaparece una y otra vez en su trabajo. En Echo IX (2007) se condensan cuestiones sobre la maternidad, la incertidumbre y el desajuste, generando un objeto en el que, por encima de todo, destaca su perfil inquietante, su capacidad para generar desasosiego. Un tronco cortado (¿muerto?) que se cierra como un capullo de flor y que remite lejanamente a una vulva. ¿Y no parece contener ese tronco algún tipo de huevo que emergerá de su seno en el momento de la floración? La superficie de bronce pintada de blanco genera una sensación de frescura o viveza que hace posible una sensación orgánica, como si esa cosa “muerta” aún siguiese viva. El trauma de lo corporal adquiere aquí una dimensión orgánica que no permite asideros de ningún tipo.

Javier Fuentes Feo
extracto de su ensayo “El cuerpo golpea de nuevo… contra el fin del arte”