Trash

Stefan Brüggeman

25/11/2016 – 05/03/2017

La obra de Stefan Brüggemann (1975, Ciudad de México) se nutre de las lecciones aprendidas de los movimientos clave del arte, en concreto el enfoque sistémico y espacial del Minimalismo, el humor categórico del Pop y la crítica del Arte Conceptual. Tomando prestado elementos y estrategias de los últimos movimientos de arte del s. XX, Brüggemann busca reexaminarlos bajo la luz del Arte Contemporáneo, estrategia que justifica esa sensación de familiaridad experimentada a la vista de su trabajo, que lo hace nuevo y reconocible al mismo tiempo.

Trash Mirror Boxes (2016) se basa en la estética “minimalista pop” del artista, donde elementos clave de movimientos en la historia del arte se cruzan. La obra consiste en una gran cantidad de cajas de cristal reflectantes (espejo) apiladas en diferentes configuraciones y cantidades, evocando cajas de cartón en un almacén. El cambio de un material a otro no pasa por desapercibido y realza la migración conceptual del objeto de un material al otro, fielmente manteniendo la recolección de su estado anterior. La palabra “Trash” (basura) se encuentra serigrafiada en dos caras de cada caja, velando el brillo del espejo donde el ácido ha corroído la superficie. Cada serigrafía es única y basada en la escritura de la palabra por el artista una y otra vez. Las caras superiores e inferiores de las cajas también exponen la impresión a modo de cinta de embalaje, para que parezca que las mantiene cerradas.

De hecho, la reproducción de este objeto cotidiano utilizando un material completamente diferente lo convierte en algo asombroso: el espejo remplaza el cartón, la imagen reemplaza la cinta de embalaje. La estratagema para esta transformación, donde todo se ha movido de su lugar habitual a otro es la prueba de que el artista le da la vuelta al interior y al exterior, desarraigándolo todo. La cajas hechas de espejos no se pueden abrir, pero el mensaje del artista escrito a mano nos indica que contienen “basura”. Su contenido, entonces, no está dentro de las mismas, pero aparece solo en el exterior expuesto como una imagen disfrazada en forma de una anotación somera y rápida. Brüggemann señala a la naturaleza inestable de la información de hoy en día, la cual se anuncia pero cuyo contenido no se puede verificar. El mensaje grabado en la superficie reflectante propone un contenido sin sentido (“basura”) a la vez que el espejo se convierte en sintomático del narcisismo hipercapitalista en el que la imagen del espectador y el acto del consumo son completamente fusionados. La crítica aleccionadora de Brüggemann parece estar dirigida a la sociedad del consumo que promueve la inserción de nuestra propia imagen –nuestra presencia única y singular– para consolarnos en la comprensión que la información y los bienes que recibimos son ciertamente inútiles.

Stefan Brüggemann (Ciudad de México, 1975) vive y trabaja entre Londres y la Ciudad de México. Su práctica combina un lenguaje conceptual con una actitud áspera y crítica que cuestiona la propia actividad del artista al mismo tiempo  que refleja nuestro contexto sociológico.  Utilizando al texto como su herramienta primordial, el artista explora una amplia gama de materiales, recursos y métodos como el neón o el vinilo por medio de vídeo, pintura, dibujo o instalación. La obra de Brüggemann se origina en una particular combinación entre conceptos filosóficos (principalmente el post-estructuralismo y la deconstrucción) y el imaginario popular inspirado en las ideologías que dieron origen al movimiento del punk (anti-conformismo, provocación y cinismo). La principal estrategia de Brüggemann es insertar una cierta sensibilidad pop en las prácticas conceptuales. El resultado es un grupo de obra que, además de tautológica, genera dudas en el espectador en cuanto a la naturaleza de la obra y los límites de los estilos y métodos artísticos contemporáneos.